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DOS PINCELADAS SOBRE HERVÁS


(S. G. I., Madrid, 13 de octubre de 2011)

EL CAMINO, EL DE DENTRO Y EL DE FUERA, NO TIENE FIN: LO CONSTRUYEN LOS PROPIOS PIES.


Es éste un viaje a paisajes naturales, pero también a mis paisajes interiores: imposible delimitar lo que queda a cada lado de la ventana que es mi cámara. Es éste un viaje iniciático al interior de vosotros mismos que pasa por mirar, también, al exterior.

Abrimos una puerta a los caminos que recorren las montañas de Hervás. También, y muy especialmente, a los caminos que os recorren y que quizá nunca hayáis osado hollar. Nos esperan muchos lugares nuevos. Y cada unos de vosotros descubrirá, por su cuenta, otros paisajes interiores no menos hermosos, una tierra virgen: vuestro pequeño reino privado.

ESTRATEGIAS



Ahora Donald Trump, el brillante autor de estrategias innovadoras como “una bufandita sobre la boca y a producir”, congela los fondos estadounidenses destinados a la OMS, a la que culpa de haber minimizado los riesgos que entrañaba el COVID19, acusándola de ser responsables de la muerte innecesaria de muchos de sus compatriotas y del agravamiento de las previsibles consecuencias económicas. 

De todos es sabido que la teoría del gas involuntario en el ascensor o en el jacuzzi —es decir, la mejor defensa, un ataque— suele ser el argumento más recurrente entre los regímenes autoritarios y sin capacidad crítica —bien lo sabemos los españoles, a los que se nos vendió esa moto de la autarquía durante el largo franquismo—; pero a estas alturas de la película, viniendo de quien viene y teniendo en cuenta que el individuo en cuestión, en un vano intento por no ralentizar la economía del país, ni siquiera ha tomado medidas para un confinamiento drástico como los responsables de varios estados pedían urgentemente, la desfachatez pasma. 

Se comprende que el tipo ha de pensar en sus propios intereses de cara a la próxima campaña electoral. Aún aspira a rentabilizar de algún modo la tragedia que vive Estados Unidos, a la cabeza mundial en cifras de contagiados y fallecidos. Se propone, cuanto menos, amortiguar el golpe que supondrá para sus potenciales votantes esa trinchera infinita abierta en la conciencia con excavadoras: cuidadosamente rellenada con doble fila de ataúdes en un espacio que se diría suburbial, en los confines de un paisaje apocalíptico que algunos desearían desterrado al olvido cuanto antes. Mi mente rememora, involuntariamente, el desenlace de Gangs of New York, ese cementerio sin lápidas ni nombres. Y me digo que, bien entrados en el siglo XXI, las cosas no han cambiado tanto: el sueño americano y el “progreso” se siguen cimentando sobre los cadáveres de los prescindibles, sobre el sacrificio de los caídos. Pero es hora que ese gran país, si de verdad quiere ser grande, deje de soñar y despierte. Es hora de abandonar los cuentos de hadas y de ofrecer algo más que la espalda a los ciudadanos. Naturalmente, el “país de las libertades” será “libre”, una vez más, de hacer lo que guste en las elecciones; suyas serán las urnas y sus consecuencias. 

Entre tanto, yo propongo a nuestros ciudadanos —el Estado que haga lo que considere más oportuno—, los españoles, que son al tiempo consumidores, que dejen de adquirir productos de empresas norteamericanas: ni tecnológicos ni alimentarios ni de ningún tipo. Un individuo cuenta con la oportunidad de manifestar su opinión de varias formas, y esta me parece la más elocuente y persuasiva. Como a Donald Trump nadie le puede decir lo que tiene que hacer, a mí, a ti y al otro, tampoco. Cerremos el grifo. 

Para finalizar, yo pediría a los políticos que, en lugar de las payasadas, se dediquen a lo suyo, si es que acaso aún tienen claro de lo que va. Para los chistes, para escribirlos y contarlos, ya están los profesionales del humor, que son infinitamente más graciosos y mucho menos torpes. Y esto, por supuesto, va por Trump, por la señora Álvarez de Toledo y por todos sus compañeros —a los del circo integrado por distintas siglas políticas me refiero—. Pues sí, tiene razón ella: escuchando a otros, aprende uno a apreciar hasta a Rajoy. Sobre todo, cuando daba la callada —o el plasma— por respuesta. 



Joaquin Sorolla, Trata de blancas
Joaquin Sorolla, Trata de blancas (1894)


Gangs of New York, desenlace 


U2, The Hands that Built America 

2 comentarios:

  1. Nunca antes se había visto tanta mediocridad al mando.
    Saludos.

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  2. Sí, amiga Salomé, coincido contigo. Exijamos a los políticos que dejen de hacer payasadas, los nuestros cada vez se parecen más a Trump y así, con su tontez, idiotizan a un pueblo que luego deposita su voto en las urnas. Esta imbecilidad supina de la que hacen gala los políticos les produce beneficios electorales.
    En medio del drama sanitario, con tantas muertes, indigna ver el espectáculo de los que mandan.
    Salud y mucha salud.
    Francesc Cornadó

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