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DOS PINCELADAS SOBRE HERVÁS


(S. G. I., Madrid, 13 de octubre de 2011)

EL CAMINO, EL DE DENTRO Y EL DE FUERA, NO TIENE FIN: LO CONSTRUYEN LOS PROPIOS PIES.


Es éste un viaje a paisajes naturales, pero también a mis paisajes interiores: imposible delimitar lo que queda a cada lado de la ventana que es mi cámara. Es éste un viaje iniciático al interior de vosotros mismos que pasa por mirar, también, al exterior.

Abrimos una puerta a los caminos que recorren las montañas de Hervás. También, y muy especialmente, a los caminos que os recorren y que quizá nunca hayáis osado hollar. Nos esperan muchos lugares nuevos. Y cada unos de vosotros descubrirá, por su cuenta, otros paisajes interiores no menos hermosos, una tierra virgen: vuestro pequeño reino privado.

PLATERO Y YO

Pareja de asnos, por Alfredo Enguix


SI JUAN RAMÓN LEVANTARA LA CABEZA

Hace poco celebrábamos el centenario de Platero y yo, pero a escasos días de Navidad nos despertamos con la noticia de que un salvaje ha causado la muerte de un burrito de meses en Lucena. A cuanto parece, para algunos esto es el espíritu navideño. Obviamente al “gracioso” que protagonizó la hazaña de saltarse la seguridad del Belén del que el animalito formaba parte, la obra de Juan Ramón Jiménez ha de traerle al fresco: la ternura de la bestezuela no le produce ni calor ni frío. Pero el verdadero problema, lo realmente grave, no reside en sus gustos literarios, sino en la absoluta insensibilidad ante la vida animal, que no deja de ser vida ajena. Cómo se puede sentir una persona normal al saber que ha causado la muerte de un ser vivo que apenas comenzaba a dar sus primeros pasos, un animal que no ha podido superar el trauma de los golpes y el esfuerzo, el peso de una mole de ciento cincuenta quilos sobre una espalda aún endeble. La cuestión es que una persona normal nunca haría algo así. A una persona normal, en un país normal, se la habría educado en el respeto: en el respeto hacia las normas que dictan no saltarse una barrera y en el respeto hacia la naturaleza, que dicta no masacrar cuanto nos rodea. A una persona normal, en un país normal, se la habría educado para intentar convivir en el respeto hacia otras formas de vida. Pero en nuestro país aún hay muchos individuos que desprecian cuanto no comprenden, que cosifican a los animales y, por tanto, los maltratan sin pudor ni remordimiento. Qué más da la muerte de este bebé de pollino, si el héroe ya tiene en su móvil la foto que buscaba a toda costa: orondo y obscenamente sonriente a lomos del Platerillo, tan blando por fuera como hecho de algodón, que moriría horas más tarde.
Por motivos obvios, en los medios de comunicación las fotos se muestran veladas, pero de seguro bastaría mirar los ojos de ambos protagonistas para descifrar sin ayuda cuál es la víctima y cuál el verdugo.

Mientras sigamos permitiendo y justificando el maltrato animal, disfrazándolo a veces incluso de fiesta tradicional, no podremos considerarnos un país desarrollado.

Monje con asno, por Antonio Casanova Estorach


George Harrison and Eric Clapton, While my guitar gently weeps 


Los verdaderos protagonistas estan aquí