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DOS PINCELADAS SOBRE HERVÁS


(S. G. I., Madrid, 13 de octubre de 2011)

EL CAMINO, EL DE DENTRO Y EL DE FUERA, NO TIENE FIN: LO CONSTRUYEN LOS PROPIOS PIES.


Es éste un viaje a paisajes naturales, pero también a mis paisajes interiores: imposible delimitar lo que queda a cada lado de la ventana que es mi cámara. Es éste un viaje iniciático al interior de vosotros mismos que pasa por mirar, también, al exterior.

Abrimos una puerta a los caminos que recorren las montañas de Hervás. También, y muy especialmente, a los caminos que os recorren y que quizá nunca hayáis osado hollar. Nos esperan muchos lugares nuevos. Y cada unos de vosotros descubrirá, por su cuenta, otros paisajes interiores no menos hermosos, una tierra virgen: vuestro pequeño reino privado.

CHURRAS CON MERINAS O EL CULO CON LAS TÉMPORAS



Que obtengas un título en una universidad pública sin reunir ninguno de los requisitos que al resto de ciudadanos se les exige sólo por pertenecer a un partido concreto, ostentar un determinado cargo u ofrecer prebendas o peculio, violando así las reglas del juego limpio y corrompiendo una institución respetable ‒que a veces alberga individuos merecedores de bien poco respeto‒, despreciando y perjudicando al resto de estudiantes ‒los que sí lo son y no reciben trato de favor‒, no se puede considerar prevaricación ‒y una sinvergonzonería inconmensurable que, con cara de cemento típica de quien no conoce qué es el pudor ni el honor, se proclama, mediante argumentos falaces y estúpidos, la norma‒, sino un hecho “anecdótico”. Todo lo anterior no es bochornoso ni constitutivo de delito ni motivo de dimisión para un cargo público, aunque resulta escandaloso e intolerable un hurto menor más triste que indignante. Por supuesto, siempre que uno se haya revelado tan torpe de abandonar tras de sí pruebas grabadas que las mentes más mezquinas usarán llegado el momento de la carnicería, una vez se abra la veda. El trastorno o enfermedad, si es que la hubiera, no merece piedad por parte de los fariseos defensores de la doble moral ‒los que aplaudían y jaleaban nuestros peores vicios: aquellos meramente anecdóticos‒; sino áspero reproche e incluso escarnio público. Porque la hipocresía es gratuita, y cada uno atesora toda la que puede.
Entre tanto, quienes no nutren un mínimo respeto por la cultura ni la educación pública siguen mirando desde el tendido, esperando que quiten a uno para poner a otro. Tanto da cuando no se sabe lo que es la ética ni se tiene integridad. Porque hay líderes, políticos en general, que recuerdan sospechosamente a Marx. Por supuesto, no a Karl sino a Groucho: “estos son mis principios; si no les gustan, tengo otros”.
Así, suma y sigue, vender un curso de cuatro días en Aravaca como un posgrado en Harvard no es mentir, sino desplegar tal habilidad maquillando la realidad que bien merece ser celebrada con un título de máster en Marketing para añadir al currículum.
Querer recuperar los restos de los propios antepasados asesinados para darles digna sepultura no responde a amor y respeto, sino ‒puro revanchismo e interés‒ al deseo de mantener vivas las aburridas batallas del abuelito para alimentar el rencor entre compatriotas y para embolsarse subvenciones públicas. Pretender exhumar los huesos secuestrados y retenidos obedece no a justicia, sino a la retorcida voluntad de turbar la paz en un lugar de rezo ‒por el alma del dictador, digo yo, ya que se le hace una ofrenda floral diaria‒ y de destruir un monumento ‒al fascismo‒ patrimonio de todos los españoles ‒que sobrevivieron al régimen‒.
Que te acorralen entre cinco en un portal a altas horas de la madrugada, te aterroricen y te usen a voluntad contra la tuya como si fueses una muñeca hinchable no es violación, sino abuso.
Y así, como decía, suma y sigue.
En este país, a mí modesto juicio, tenemos serios problemas con las definiciones. Y con la escala de valores.


La muerte de Séneca por Manuel Domínguez y Sánchez
La muerte de Séneca, Manuel Domínguez y Sánchez

Billy Joel, Honesty


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