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DOS PINCELADAS SOBRE HERVÁS


(S. G. I., Madrid, 13 de octubre de 2011)

EL CAMINO, EL DE DENTRO Y EL DE FUERA, NO TIENE FIN: LO CONSTRUYEN LOS PROPIOS PIES.


Es éste un viaje a paisajes naturales, pero también a mis paisajes interiores: imposible delimitar lo que queda a cada lado de la ventana que es mi cámara. Es éste un viaje iniciático al interior de vosotros mismos que pasa por mirar, también, al exterior.

Abrimos una puerta a los caminos que recorren las montañas de Hervás. También, y muy especialmente, a los caminos que os recorren y que quizá nunca hayáis osado hollar. Nos esperan muchos lugares nuevos. Y cada unos de vosotros descubrirá, por su cuenta, otros paisajes interiores no menos hermosos, una tierra virgen: vuestro pequeño reino privado.

PINAJARRO A 20 DE DICIEMBRE

Hoy no nos detendremos en analizar demasiado el equipo necesario para subir hasta el Pinajarro en estas fechas, ya que ayer dimos indicaciones al respecto mientras hablábamos de la Solana de Andrés, que personalmente considero más exigente como recorrido. Naturalmente estas apreciaciones son en parte subjetivas, pero me parece indiscutible que en ésta última encontramos muchas más zonas de umbría, estamos más expuestos al viento (hay menos cobertura vegetal) y la pendiente se acusa más.
En un día considerablemente frío (por el pueblo no se veía a nadie y un amigo me comentaba que en las horas de más calor en el casco urbano se había bajado de los cero grados) pero despejado y bastante soleado, como fue el pasado 20 de diciembre, se podía llegar al Pinajarro con un solo anorak (el resto del equipo era el mismo comentado ayer, pero sin las capuchas impermeables). Sin embargo sí es cierto que en los últimos kilómetros antes de llegar a la plataforma, esos más expuestos al viento y los hielos (el tramo encementado, para entendernos) uno empezaba a notar ya un (muy) ligero frío y se decía que, queriendo, podía sacar el segundo anorak de la mochila. Esto claramente implica que en un día no tan espléndido conviene ponerse el segundo anorak.
Yo subí como suele ser mi costumbre (cada uno tenemos nuestras manías y rutas preferidas) por la Solanilla. Sin embargo os aconsejo que toméis la pista de la Tejea desde la carretera en vez de acortar (mínimamente) por este antiguo camino. La razón es muy sencilla, quienes la habéis transitado sabéis que la solanilla es una suerte de calzada de piedra muy estrecha. Sobre esas gruesas piedras húmedas y llenas de escarcha, cubiertas por un manto de hojas de roble que impide ver bien dónde ponemos el pie (uno tiene que recordar de memoria dónde está cada piedra del camino), es muy fácil resbalar. Por otro lado sabéis que, incluso estando en buena forma, uno suele llegar al final de la Solanilla sintiendo que podría morirse en cualquier momento. Eso es así con buen tiempo, pero ahora, con todo el peso del equipo del que hablábamos ayer, mucho más. Con buen tiempo te queda el consuelo de pensar, cuando desembocas finalmente en la Pista de la Tejea: “bueno, ya está lo peor. Me quedan un porrón de kilómetros, pero buena parte son en llano o con poca pendiente, así que se trata de meter el automático (no perdiendo jamás la concentración) y tirar para adelante”. Sin embargo ahora, con todo lo que llevamos encima, también los llanos cuestan.
Los dos problemas fundamentales que encontraréis serán el hielo y la falta de agua. Respecto al primero no hay que preocuparse demasiado hasta que lleguemos a las cercanías del Pinajarro, al tramo de pista encementado. Éste sí puede resultar resbaladizo. Mientras que en el resto de la pista podéis transitar por el centro (y de hecho conviene que lo hagáis para evitar las hojas de roble acumuladas en la cuneta, en las que se concentra el hielo), en ese tramo, por seguridad, es mejor circular pegado a la cuneta o incluso por ésta, según el hielo que observéis sobre la superficie del cemento. De esta forma, si llegaseis a resbalar, habría menos posibilidades de que acabaseis en el precipicio. Debéis tener en cuenta que es aún más fácil sufrir resbalones a la vuelta, cuando el tramo helado está en bajada. No encontrareis problemas en la pista en tierra: notaréis la superficie sorbe la que camináis muy dura, pues el suelo en efecto está congelado, pero al menos no resulta resbaladiza.
Por cuanto respecta al agua, debéis preocuparos de llevar encima la suficiente cantidad; como ya os comentaba ayer, ahora nos deshidratamos mucho. El agua sigue sin manar de la fuente desde donde parte la pista del Pinajarro, aunque el pilón está lleno, con una superficie congelada de unos 7mm-1cm de espesor que así se mantiene incluso bajo el sol (nunca intentéis romperla y abasteceros de agua, os arriesgáis a topar con bacterias .poco amistosas. En caso de verdadera emergencia, caminad otro kilómetro por la pista hasta alcanzar la siguiente fuente y luego volved sobre vuestros pasos para tomar la pista del Pinajarro). Ya sabéis que esta fuente está a 1200 metros de altura, así que podéis imaginar la temperatura que puede haber en el pilón-piscina que hay a los pies del Pinajarro, que podéis ver congelado en las fotos (con una piedra “flotando” en su superficie). Sobre la posición del resto de fuentes podéis consultar la entrada introducida durante el verano. Afortunadamente ninguna se ha congelado del todo por el momento. Por otro lado, los pequeños arroyos originados por la escorrentía en las cercanías del Pinajarro también nos ofrecerán agua potable.

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