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DOS PINCELADAS SOBRE HERVÁS


(S. G. I., Madrid, 13 de octubre de 2011)

EL CAMINO, EL DE DENTRO Y EL DE FUERA, NO TIENE FIN: LO CONSTRUYEN LOS PROPIOS PIES.


Es éste un viaje a paisajes naturales, pero también a mis paisajes interiores: imposible delimitar lo que queda a cada lado de la ventana que es mi cámara. Es éste un viaje iniciático al interior de vosotros mismos que pasa por mirar, también, al exterior.

Abrimos una puerta a los caminos que recorren las montañas de Hervás. También, y muy especialmente, a los caminos que os recorren y que quizá nunca hayáis osado hollar. Nos esperan muchos lugares nuevos. Y cada unos de vosotros descubrirá, por su cuenta, otros paisajes interiores no menos hermosos, una tierra virgen: vuestro pequeño reino privado.

ÉXODO


Museo Arqueológico de Estambul, Campaña asiria contra los enemigos


Yo daría un consejo al Parlamento de Dinamarca: ¿por qué permanecer prisioneros de los falsos prejuicios o de la doble moral, maniatados por el qué dirán? Si total, por lo que parece, nadie tiene nada que decir al respecto. ¿Por qué no comenzar a extraer, entonces, las piezas dentales de metal? ¿Por qué no rapar el cabello?
No hay como una mente práctica para amortizar la miseria, para saber sacar partido hasta en el infierno.
Quizá consista en esto la tan cacareada esencia occidental.



Salomé Guadalupe Ingelmo, Dos testimonios de Sonderkommando en Auschwitz (FRAGMENTO), en Revista Destiempos (México) n. 42, Estudios y Ensayos, Diciembre 2014-Enero 2015, p. 50-86, http://www.destiempos.com/n42/Ingelmo.pdf  

Los Sonderkommando, como su propio nombre indica, fueron equipos especiales de prisioneros, casi siempre judíos. A ellos se les obligó, bajo amenaza de muerte, a desempeñar actividades relacionadas con la aplicación de la “Solución final”. Su función consistió en ayudar a desvestirse y entrar en las cámaras de gas a las víctimas, seleccionar sus pertenencias, extraer las piezas dentales de oro de los ejecutados y cortar el cabello que se vendía a la industria textil de los cadáveres femeninos[1], vaciar y limpiar las cámaras de gas después de cada sesión, acarrear e incinerar los cuerpos y deshacerse de esas cenizas.
La organización en los crematorios se asemejaba a una cadena de montaje. Así lo advirtió precozmente el corresponsal de guerra Vasili Grossman: El cadalso de Treblinka no era un cadalso sencillo: era un lugar de ejecución en cadena, método adoptado para la producción industrial contemporánea. Y de igual manera que un verdadero conglomerado industrial, Treblinka no surgió de pronto tal y como ahora la describimos. Creció paulatinamente, se desarrolló, creó nuevos «talleres»”. (Grossman, “El infierno de Treblinka”,538).



[1] Un grupo de Sonderkommando sacaban, con mucha dificultad, pues los cadáveres estaban rígidos y enmarañados entre sí amén de resbaladizos por los abundantes restos de fluidos, los cuerpos de la cámara y los llevaban a un atrio contiguo. Allí estaban los “barberos” y “dentistas” (Venezia, Sonderkommando, 80-81, 178). Éstos debían ejecutar sus labores velozmente para que, una vez extraído todo lo de valor,  los cuerpos fuesen transportados por otros Sonderkommando hasta los hornos.



Salomé Guadalupe Ingelmo, El horror pasó por Treblinka (FRAGMENTO), https://drive.google.com/file/d/0B6PMmRFcYuRbQjRBTkYzY0lITE0/view

Era una vez extraídos los cuerpos de las cámaras, que antes habían de airearse mediante un potente sistema de ventilación mecánica que se ponía en marcha durante unos veinte minutos, pues el efecto de gas Zyklon B se prolongaba en el tiempo, cuando a los cadáveres de las mujeres se les cortaba el pelo. Así lo aseguran todos los testimonios de los Sonderkommando sobrevividos, especialmente de los “barberos”. Pero además ahora contamos con pruebas forenses concluyentes: piezas textiles fabricadas con pelo humano y encontradas en Auschwitz, donde además aparecieron toneladas de cabello aún sin manipular, una vez analizadas, han revelado que en efecto el pelo con el que se manufacturaron contenía restos de Zyklon B, el veneno empleado en las cámaras de gas[1]. En ese momento se rescataba también todo lo que de valor pudiese tener el cuerpo: piezas dentales de oro, pendientes y anillos que hubiesen podido quedar puestos en la víctima a pesar de que se les había ordenado precedentemente que se despojasen de todo… Y entonces, sí, finalmente los cadáveres estaban listos para ser quemados en los hornos crematorios. Aunque, dado que el sistema no desaprovechaba nada, aún sus cenizas serían, en algunos casos, empleadas como abono[2].
Ciertamente no se trata más que “pequeños detalles”, aclaraciones que en nada afectan a la verdadera naturaleza del horror. Pues finalmente tanto el cabello de los reclusos que vivirían por el momento como el de aquellos que ya habían sido cremados, se almacenaba y vendía a las fábricas textiles igualmente.
El sistema no estaba dispuesto a dejar cabos sueltos: no podían quedar con vida prisioneros que hubiesen acumulado demasiada información sobre los métodos de exterminio. Por eso los Sonderkommando, casi siempre prisioneros judíos, eran a su vez regularmente exterminados. Muy pocos de ellos sobrevivieron, y de esos pocos la mayoría eligieron el silencio. No obstante los testimonios de algunos de esos hombres nos han ayudado a conocer los procedimientos aplicados en las cámaras de gas y los crematorios. Así Shlomo Venezia, judío sefardita nacido en Salónica y con nacionalidad italiana, Sonderkommando de Auschwitz-Birkenau durante ocho meses y medio interminables, proporciona detalles espantosos con una sinceridad admirable.
Shlomo, que precisamente desempeñó las funciones de “barbero”, explica cómo los cadáveres extraídos de las cámaras de gas por algunos Sonderkommando, pasaban después por las manos de los “barberos” y “dentistas”. Ambos trabajaban en el mismo espacio,  en un atrio adyacente a la sala donde las víctimas se desvestían antes de entrar en la cámara de gas[3]. Shlomo cortaba el cabello de las mujeres, especialmente si lo tenían largo, con unas tijeras grandes similares a las de poda y lo metía en sacos, Una vez “barberos” y “dentistas” habían acabado su trabajo, que debía realizarse a gran velocidad porque muchos cuerpos habían de ser revisados y eliminados cada día, los cadáveres estaban definitivamente en condiciones de ser trasladados a los hornos crematorios por otros Sonderkommando.
El cabello de los difuntos era usado para fabricar textiles: ropa como calcetines para los soldados, mantas, rellenos de los colchones suministrados a las tropas alemanas, tapicerías para distintos tipos de vehículos[4], sogas de uso naval e incluso juntas estancas para buques y submarinos, así como mecanismos de ignición para bombas[5]. El pelo de los prisioneros de los campos de concentración y de los exterminados en ellos pasó a sustituir al de caballo por resultar una materia prima aún más barata. Ciertamente el régimen apuraba bien a sus víctimas. Tras usar su fuerza de trabajo como mano de obrar esclava[6], los propios cuerpos eran exprimidos[7]: la grasa se empleaba para hacer jabón, los huesos para conseguir fertilizante… En el campo de Madjanek se usaba un molino mecánico para moler los huesos que aún salían enteros de los hornos crematorios. Según Shlomo Venezia en Auschwitz se usaba un gran martillo pilón con el mismo fin. Martillo que, por cierto, Otto Moll, a cargo de este campo, empleó para abrir el cráneo a uno de los presos de un grupo que se negaba a bajar al crematorio[8]. Chil Rajchman cuenta que en Treblinka se usaban unas mazas de madera; pero los prisioneros procuraban dejar, sin ser vistos, huesos enteros junto a las cenizas que enterraban: tenían la esperanza de que los verdugos no lograsen hacer desaparecer todas las pruebas del genocidio[9].



[1] http://www.europapress.es/internacional/noticia-empresa-alemana-uso-pelo-victimas-auschwitz-fabricar-material-textil-20090304120820.html
[2] Sabemos por el Sonderkommando de Auschwitz Shlomo Venezia que las cenizas de los no judíos resultaban especialmente rentables: parece ser que las SS anunciaban a la familia del fallecido que éste había muerto de una enfermedad y les ofrecían la posibilidad de comprar sus cenizas por doscientos marcos. Por eso la primera vez que Shlomo entró en el dormitorio de los Sonderkommando del crematorio en el que permaneció destinado en Auschwitz, encontró al lado de las camas nichos con casi doscientas urnas que contenían cenizas que habían de ser de varis personas mezcladas, a pesar de lo que se decía a los familiares y una placa de identificación en cada una (Shlomo Venezia, Op. Cit.,  p. 115).
[3] Shlomo Venezia, Op. Cit, p. 80-81, 178.
[4] Gracias a los testimonios de trabajadores de aquella época, empresas que siguen existiendo y que bajo el nazismo se vieron favorecidas por la venta de este tipo de material que se les podía suministrar en grandes cantidades y acabó moviendo una enorme suma de dinero siguen hoy en el punto de mira. Un ejemplo es la Schaeffler que curiosamente en origen fue de un empresario judío obligado a la huida por la represión nazi, fabricante alemana de componentes para coches (http://www.europapress.es/internacional/noticia-empresa-alemana-uso-pelo-victimas-auschwitz-fabricar-material-textil-20090304120820.html ). Otra empresa especialmente favorecida por este mercado fue la Firma Alex Zink, que producía fieltros.
[5] Se pueden consultar, por ejemplo, fuentes del centro de recursos para la educación sobre el genocidio perpetrado sobre los judíos, el Birmingham Holocaust Education Committee: http://www.bhamholocausteducation.org/powerpoint/notes-the-holocaust.pdf , p. 173. También Vasili Grossman, Op. Cit., p. 528.
[6] Que, como en el caso de los campos franquistas, se alquilaba a las empresas afines al régimen. De entre las muchas familias y empresas que se aprovecharon de esa práctica para enriquecerse podemos citar algunas muy conocidas: IG-Farben, Thyssen, Krupp, AEG, Siemens, Daimler-Benz, Photo AGFA, Banco de Dresde, Volkswagen, Bayer, BMW, Heinkel, Telefunken…
[7] Qué mejor ejemplo de ese “espíritu de ahorro mezquino” que según Vasili Grossman habría caracterizado a los alemanes (Vasili Grossman, Op. Cit., p. 510).
[8] Shlomo Venezia, Op. Cit, p. 97.
[9] Chil Rajchman, Op. Cit., p. 94-95.




Primo Levi, Si esto es un hombre

En un instante, con intuición casi profética, se nos ha revelado la realidad: hemos llegado al fondo. Más bajo no puede llegarse: una condición humana más miserable no existe, y no puede imaginarse. No tenemos nada nuestro: nos han quitado las ropas, los zapatos, hasta los cabellos; si hablamos no nos escucharán, y si nos escuchasen no nos entenderían. Nos quitarán hasta el nombre: y si queremos conservarlo deberemos encontrar en nosotros la fuerza de obrar de tal manera que, detrás del nombre, algo nuestro, algo de lo que hemos sido, permanezca (Levi, Si esto es un hombre, 13).



Selección en la rampa de Birkenau por David Olère



La esperanza (B.S.O de La lista de Shindler), John Williams y Itzhak Perlman 


Los verdaderos protagonistas estan aquí